Las ramas del árbol son las āsanas.
¿Cuál es la actitud y el enfoque correctos para la ejecución de un āsana?
Hemos de llegar a estar total y
absolutamente absortos, con devoción, dedicación y atención, mientras
realizamos la postura. Ha de haber honradez en el enfoque y honradez en la
presentación... , hemos de
mostrar enorme fe, valor, determinación percepción consciente y absorción. Con
esas cualidades en nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro corazón, haremos
bien la postura. El āsana ha de envolver
enteramente el ser del ejecutante con esplendor y hermosura. Es la práctica
espiritual en forma física.
Āsana
significa postura, esto es arte de colocar el cuerpo como totalidad en una
actitud física, mental y espiritual. Toda postura entraña dos aspectos, a
saber: posar y reposar. Posar significa acción. Es asumir una posición física
fija de miembros y cuerpo como aparece representada al ser realizada el āsana en particular. Reposar significa reflexión en
la postura. La postura es reconsiderada y reajustada a fin de que los distintos
miembros y partes del cuerpo se hallen colocados en su lugar en correcto orden,
sintiéndose descansados y aliviados, para que así la mente pueda experimentar
la tranquilidad y la calma de los huesos, las articulaciones, los músculos, las
fibras y las células.
Al reflexionar sobre qué parte del cuerpo
está trabajando, qué parte de la mente está trabajando y qué parte del cuerpo
no ha sido penetrada por la mente hacemos que la mente cobre la misma extensión que el cuerpo. Así
como el cuerpo se contrae o se extiende, también la inteligencia se contrae o se extiende para llegar a cada parte del
cuerpo. A eso se denomina reposar; eso es sensibilidad. Cuando dicha
sensibilidad se halla por igual en contacto con el cuerpo, la mente y el alma,
nos hallamos en un estado de contemplación o meditación que se denomina āsana. Las dualidades entre cuerpo y mente, y mente
y alma, son vencidas o destruidas.
La estructura del āsana no puede cambiar, ya que cada āsana es un arte en sí misma. Se ha de estudiar
cada āsana aritméticamente y
geométricamente, a fin de que la verdadera forma del āsana sea revelada y expresada en su presentación. La
distribución del peso del cuerpo debería ser uniforme en los músculos, huesos,
mente e inteligencia. La resistencia y
el movimiento han de estar en concordancia. Aunque el practicante sea un
sujeto y el āsana un objeto, el āsana debería volverse el sujeto y el practicante
el objeto, de modo que, antes o después, el practicante, el instrumento
(cuerpo) y el āsana se vuelvan uno.
Estudien el aspecto de un āsana. Puede ser triangular, redonda, en forma de
arco iris u oval, recta o diagonal. Adviertan todos estos elementos por medio
de la observación, estudiando y actuando dentro de ese campo, de modo que el
cuerpo pueda presentar el āsana es su prístina
gloria. Igual que un diamante bien tallado, la joya del cuerpo, con sus
articulaciones, huesos y demás, debería ser tallada para encajar dentro del
sutil engarce del āsana. El cuerpo entero
participa de este proceso, con el Sí-mismo. Uno no debería adaptar el āsana para que se ajuste a la propia estructura
corporal, sino más bien modelar el cuerpo según los requisitos de un āsana. Entonces el āsana tendrá el correcto soporte fisiológico, psicológico,
intelectual y espiritual.
Patañjali afirma que cuando un āsana se realiza correctamente, las dualidades
entre cuerpo y mente, mente y alama, han de desvanecerse. Es lo que se denomina
reposo en la postura, reflexión en la acción. Cuando las āsanas se realizan de esta manera, las células del
cuerpo, dotadas de sus propios recuerdos e inteligencia, se mantienen sanas.
Cuando la salud de las células se sustenta mediante la práctica precisa de āsanas, la envoltura fisiológica (prāṇamaya kośa)
se sanea y la mente es traída cerca del alma. Tal es el efecto de las āsanas. Han de ser realizadas de manera que lleven
a la mente desde el apego al cuerpo hacia la luz del alma, a fin de que el
practicante pueda habitar en la morada del alma.
BKS IYENGAR
“EL ÁRBOL DEL YOGA”
EDITRIAL KAIR´OS
BARCELONA, 2000
P. 76-78