Āsana: posturas
Āsana
significa mantener el cuerpo en una postura particular con bhāvanā, el pensamiento de
que Dios está en tu interior. El āsana
ha de mantenerse con firmeza o sthira
para que esa divinidad no se tambalee. Āsana
jaya o la conquista del āsana
llega cuando cesa el esfuerzo y se asienta la estabilidad. La estabilidad trae
consigo el estado de sukhatā o
beatitud. Un asana mantenida en ese estado ya no es realizada por el cuerpo
físico o fisiológico, sino por el Sí-mismo interior. En este estado el cuerpo
ha sido conquistado, las dualidades han desaparecido y se ha logrado la unión
del cuerpo, la mente y el alma.
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El
cuerpo y la mente están interrelacionados y son interdependientes. Si existe
cualquier trastorno en el cuerpo, la mente se ve alterada y viceversa. En el
yoga, el cuerpo y la mente se cultivan mediante un proceso constante de
práctica de āsanas para evitar
cualquier trastorno en su funcionamiento. Esta práctica proporciona salud, equilibrio, movilidad e inmunidad a
las enfermedades.
En
el dominio de las posturas yóguicas reside el secreto de la conquista del
cuerpo: mediante este paso básico el sādhaka
(practicante) es conducido al plano espiritual y hacia la realización del
Sí-mismo.
IYENGAR, Geeta S.
“YOGA
PARA LA MUJER”
Editorial
Kairós, Barcelona 2008; págs. 41-42.
Prāṇāyāma es el control de la respiración, siendo la paz mental y la serenidad
del sistema nervioso el producto final. El cuerpo y la mente se vuelven
tolerantes.
Con el adecuado control respiratorio el
pulso se vuelve constante y regular, el cuerpo se vuelve más ágil, y el
aspecto, resplandeciente.
Prāṇa es aire, respiración, la propia fuerza vital; āyāma significa expansión de su duración, amplitud y volumen. De
modo que el alargamiento sistemático de la inspiración y de la espiración y la
pausa entre ambas es el control de la respiración.
Tras conseguir un dominio de las posturas yóguicas, hacer que la respiración sea más profunda y sutil, así como más rítmica, y controlarla sistemáticamente hasta conseguir la máxima capacidad es prāṇāyāma.
Tras conseguir un dominio de las posturas yóguicas, hacer que la respiración sea más profunda y sutil, así como más rítmica, y controlarla sistemáticamente hasta conseguir la máxima capacidad es prāṇāyāma.
IYENGAR, Geeta S.
“YOGA
PARA LA MUJER”
Editorial
Kairós, Barcelona 2008; pág. 42

